La hija de la empleada miró el retrato del hijo desaparecido y reveló un secreto imposible tras diez años

La hija de la empleada miró el retrato del hijo desaparecido y reveló un secreto imposible tras diez años

ra reservado, desconfiado y casi nunca hablaba con los adultos.

Pero dibujaba constantemente.

Con el tiempo comenzó a hablar con Lucía.

Le dijo que no era huérfano.

Que recordaba vagamente a una mamá que olía a flores.

Un perro café.

Una casa cerca del mar.

Y un portón grande con una letra.

—¿Qué letra? —preguntó Alejandro.

—Una C.

Alejandro miró hacia la entrada de su propiedad.

El antiguo portón familiar llevaba una gran C de hierro en el centro.

Lucía metió la mano en el bolsillo de su vestido.

Sacó un papel viejo, doblado muchas veces.

—Él me dio esto.

Alejandro lo abrió.

Era un dibujo infantil.

Una niña pequeña tomada de la mano de un muchacho.

Junto a ellos aparecía un perro pintado de café.

—Un niño mayor quería quitarme este medallón —explicó Lucía, tocándose la cadena del cuello—. Mateo se puso delante de mí hasta que me lo devolvió. Después me dio ese dibujo.

—¿Por qué?

—Dijo que era para que recordara que alguien me protegía.

Alejandro bajó la cabeza.

Su hijo.

El niño que él no había podido proteger había estado protegiendo a otros.

—¿Dónde está Mateo ahora?

Lucía perdió la sonrisa.

—No lo sé.

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