Su marido la echó de casa; al día siguiente, ella se mudó a su mansión de 40 millones de dólares.

Su marido la echó de casa; al día siguiente, ella se mudó a su mansión de 40 millones de dólares.

—¿Recibiste algo hoy?

—No.

—¿Nada?

—Nada.

Él pareció aliviado.

Mariana sirvió la cena.

Algo dentro de ella acababa de cerrarse.

Semanas después apareció otro mensaje.

Rodrigo dejó el teléfono junto al frutero mientras se duchaba.

La pantalla se iluminó.

“Todavía pienso en Los Cabos. ¿Cuándo volvemos a vernos?”

Mariana no tocó el aparato.

3 semanas más tarde dejó a los niños con su mejor amiga, Paulina Navarro, y siguió a Rodrigo hasta un hotel de Polanco.

Esperó casi 2 horas.

Finalmente lo vio entrar.

Una mujer joven lo esperaba.

Rodrigo caminó directamente hacia ella, la tomó por la cintura y le besó la frente.

Era el mismo gesto con el que durante años se despedía de Mariana.

La pareja subió al elevador.

Mariana permaneció sentada.

Pidió otro café.

Esperó hasta que dejaron de temblarle las manos.

Después recogió a sus hijos.

No dijo nada.

El último golpe llegó un mes después.

Rodrigo anunció:

—Tengo una convención inmobiliaria en Los Cabos. Estaré fuera 4 días.

Mariana preparó su maleta como siempre.

Dentro del portafolio encontró el itinerario.

Rodrigo Alcázar.

Renata Velasco.

Mismo vuelo.

Mismo hotel.

Misma habitación.

2 huéspedes.

Mariana dobló el documento exactamente como estaba.

Aquella noche decidió darse 6 meses.

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