Firmé el divorcio en silencio mientras mi esposo, el director general, me arrojaba una tarjeta y decía: “Tómala y desaparece. Es el pago por 2 años desperdiciados.” Su amante se rio. Querían sacarme antes de su junta millonaria de las 2. Pero ninguno notó que el anciano notario en la esquina estaba esperando el momento exacto para destruirlos.
PARTE 2 —Perfecto —dijo Ricardo, tomando los papeles firmados como si fueran un trofeo—. Por fin. Daniela aplaudió despacio, burlona. —Felicidades, Vale. Ya eres oficialmente nadie. Valeria no respondió. Dejó…


