Llegué sin avisar a uno de mis hoteles y escuché a un empleado decir sobre una niña hambrienta: “Que no vuelva a acercarse”. La senté a desayunar conmigo, pero después de probar la comida señaló su plato y dijo: “Mi mamá trabajaba aquí… y esto no es lo que el hotel está pagando”. En ese momento entendí que aquella niña sabía algo que alguien había intentado ocultar.

Llegué sin avisar a uno de mis hoteles y escuché a un empleado decir sobre una niña hambrienta: “Que no vuelva a acercarse”. La senté a desayunar conmigo, pero después de probar la comida señaló su plato y dijo: “Mi mamá trabajaba aquí… y esto no es lo que el hotel está pagando”. En ese momento entendí que aquella niña sabía algo que alguien había intentado ocultar.

Alejandro colocó sobre la mesa una copia digital del antiguo registro de correspondencia.

Nombre del remitente: Mariana Ramírez.

Destinatario: Alejandro Ferrer.

Fecha: 14 de febrero.

“Nunca recibí esa carta porque tú la interceptaste.”

Después mostró otro documento.

Era una solicitud para preparar la baja laboral de Mariana.

Estaba fechada un día antes de que apareciera el supuesto robo.

Alejandro miró a Ricardo.

“Querían despedirla antes de descubrir el faltante que supuestamente causó su despido.”

Ricardo comenzó a sudar.

Ernesto lo miró.

“No digas estupideces.”

Aquella frase rompió algo.

Ricardo golpeó la mesa.

“¡Tú dijiste que jamás nos descubrirían!”

Nadie respiró.

Alejandro inclinó ligeramente la cabeza.

“¿Qué no íbamos a descubrir?”

Ricardo cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, parecía derrotado.

“Empezó con los lácteos. Ernesto consiguió proveedores baratos. Nosotros pedíamos las marcas caras, pero recibíamos las económicas. La diferencia se repartía.”

Ernesto se puso de pie.

“Está mintiendo.”

“¡Tú me pagabas en efectivo!”

Ricardo también se levantó.

“Cuando Mariana encontró las etiquetas y tomó fotos, me dijiste que la asustáramos.”

Verónica comenzó a llorar.

“Yo solo dividía los pagos.”

Alejandro la miró.

“¿Solo?”

“Ernesto decía que era para agilizar compras. Cuando empecé a sospechar, ya había firmado demasiadas cosas.”

Ernesto golpeó la mesa.

“Todos participaron y ahora quieren culparme.”

Javier abrió otro expediente.

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