“Una frase habría salvado a tu hijo.”
“¡Tenía miedo!”
“No tenías miedo de perder a Arturo. Tenías miedo de perder el dinero.”
Beatriz dejó de llorar.
Valeria sacó una copia de la póliza.
“Hay algo que nunca entendiste. El seguro era sobre mi vida.”
Beatriz parpadeó.
“Arturo recibiría el dinero si yo moría. Arturo murió y yo sigo viva. No existen 25 millones para ti, para Camila ni para nadie.”
El rostro de Beatriz quedó completamente vacío.
“No… Arturo dijo…”
“Arturo también mentía.”
Beatriz comenzó a negar con la cabeza.
Valeria continuó:
“Viste una cifra y decidiste que mi vida valía menos que ese dinero.”
“¡Tú destruiste a mi familia!”
“No. Tú pusiste una serpiente en mi cama y después dejaste que tu propio hijo entrara sabiendo lo que había allí.”
Beatriz cerró los ojos.
Valeria se levantó.
“Lo más terrible no es que muriera la persona equivocada. Es que todavía hablas como si el verdadero problema fuera que yo sobreviví.”
Dos días después, Camila apareció con un supuesto testamento escrito a mano donde Arturo le dejaba a ella, al bebé y a Beatriz parte de la empresa y de la casa.
Mauricio descubrió rápidamente irregularidades en la firma y en la fecha.
Además, incluso si hubiese sido auténtico, Arturo no podía dejar en herencia propiedades que nunca le pertenecieron.
La Fiscalía retuvo el documento dentro de una investigación por posible falsificación y fraude.
Camila quedó devastada.
“Beatriz me aseguró que funcionaría.”
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