Mi prometido me pidió entregar a mis dos hermanitos huérfanos antes de la boda porque “no eran su responsabilidad”… así que lo llevé a la feria, le sonreí frente al fotógrafo y justo antes de la foto familiar hice algo que dejó a todos mirando

Mi prometido me pidió entregar a mis dos hermanitos huérfanos antes de la boda porque “no eran su responsabilidad”… así que lo llevé a la feria, le sonreí frente al fotógrafo y justo antes de la foto familiar hice algo que dejó a todos mirando

Mateo y Santiago regresaron con lentes de plástico y sombreros ridículos.

“¿Dónde está Diego?”, preguntó Santiago.

“Se fue a su casa.”

Mateo me miró con miedo.

“¿Nosotros también nos vamos a otra casa?”

Me arrodillé frente a ellos.

“No. Ustedes no se van a ninguna parte.”

“Pero Diego dijo que tal vez…”

“Diego estaba equivocado. Yo los elegí desde el primer día.”

Los dos se lanzaron a mis brazos.

La fotógrafa se acercó con la voz suave.

“¿Lista para la foto?”

Asentí, tragándome las lágrimas.

Nos colocamos frente al fondo de girasoles. Mateo abrazó su tortuga naranja. Santiago levantó su varita luminosa. Yo los rodeé con mis brazos.

Antes del flash, Santiago susurró:

“Entonces todavía somos familia.”

“Sí”, dije. “Y lo vamos a ser siempre.”

La cámara iluminó nuestras caras.

Pero cuando pensé que todo había terminado, la señora de las trenzas se acercó con su celular en la mano.

“Grabé lo que dijo su prometido”, me dijo. “Creo que esto le va a servir.”

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