—Esto es lo que pasa cuando bajamos los estándares.
Y lo rompió.
El sonido del papel partido se le quedó clavado a Lucía en el pecho.
Una mitad cayó junto a sus zapatos.
La otra quedó en la mano del hombre que acababa de destruirla frente a millones.
Lucía se agachó para recoger los pedazos.
El borde del papel le cortó un dedo.
Una gota de sangre cayó sobre su nombre.
Lucía Morales.
Finalista.
Ya no.
Esa noche, en casa, su abuela quiso abrazarla, pero Lucía no pudo.
Se encerró en el cuarto.
No porque odiara a su abuela.
Sino porque si alguien la tocaba con ternura, se iba a romper de verdad.
Al día siguiente, la esperaban afuera de la secundaria.
Una reportera joven, con una grabadora en la mano y el cabello recogido de cualquier manera.
—Lucía Morales, soy Irene Vázquez. Trabajo para un diario digital. ¿Puedo hacerte unas preguntas?
—No.
—La gente está hablando del video.
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