—Yo no he causado ninguno.
—Sabes a qué me refiero.
No, Elena no lo sabía.
O quizá no quería saberlo todavía.
Regresó sola a su apartamento poco antes de la medianoche.
Cuando estaba buscando las llaves, un vehículo negro se detuvo frente al edificio.
El motor permaneció encendido.
Un hombre alto, vestido con un abrigo oscuro, bajó y caminó hacia ella.
Elena tensó los hombros.
—Capitana Márquez —dijo él.
Nadie la había llamado así en años.
—Se ha equivocado de persona.
El hombre sacó un sobre.
—Mañana necesitará recordar quién es.
Elena no lo tomó de inmediato.
—¿Quién lo envía?
—Alguien que ya no está dispuesto a guardar silencio.
Ella aceptó el sobre.
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