PARTE 2
A las 10:18 de la mañana, llegué a Lomas de Angelópolis en la camioneta del licenciado Velasco. Detrás venía una notaria pública, un actuario civil y 2 asistentes con carpetas negras. En la entrada principal había un arco de globos, una mesa de dulces con el nombre “Mateo” en letras plateadas y música infantil saliendo por bocinas caras.
Todo parecía perfecto.
Por eso dolía más.
Desde la reja pude ver a Mateo corriendo con una coronita de cartón. Mi nieto cumplía 6 años. Yo le había comprado un tren de madera pintado a mano, porque desde chiquito le fascinaban los vagones. Lo llevaba envuelto en papel azul dentro de una bolsa blanca.
Beatriz fue la primera en verme.
Venía vestida de lino beige, con lentes oscuros enormes y esa expresión de mujer que confunde la elegancia con permiso para pisar a otros.
—Elena, ¿qué hace usted aquí? —preguntó, bajando la voz para no alarmar a los invitados—. Julián ya le dijo que hoy no es conveniente.
La miré sin moverme.
—Sí. Me dijo exactamente lo que usted quería que dijera.
Su boca se endureció.
—No haga escenas. Hay niños.
—Entonces no me obligue a recordarle quién está parada frente a la casa que usted decora como si fuera suya.
En ese momento salió Julián. Traía camisa blanca, reloj caro y el rostro descompuesto. Karla venía detrás, pálida, agarrando una servilleta como si fuera un salvavidas.
—Mamá, por favor —dijo él—. No aquí.
—Aquí fue donde decidieron excluirme.
—Podíamos hablar después.
—No. Después es la palabra favorita de quienes esperan que una se canse.
El licenciado Velasco dio un paso al frente. No levantó la voz. Eso lo hizo más fuerte.
—Señor Julián Rivas, venimos a notificar formalmente la terminación anticipada del contrato de comodato respecto del inmueble ubicado en esta dirección, propiedad de Inmobiliaria Las Jacarandas, S.A. de C.V., representada legalmente por la señora Elena Márquez.
Beatriz soltó una risa seca.
—Qué ridículo. Esta casa es de mi hija y de mi yerno. Todo el fraccionamiento lo sabe.
La notaria abrió su carpeta.
—Lo que sepa el fraccionamiento no modifica el Registro Público de la Propiedad.
Las conversaciones del jardín empezaron a apagarse. Una señora con vestido verde dejó de servir jugo. Un hombre que estaba junto a la alberca se quitó los lentes. Los niños seguían jugando, pero los adultos ya olían el incendio.
Julián se acercó a mí.
—Mamá, no seas cruel. Es el cumpleaños de tu nieto.
Ahí sentí el golpe.
No era “mi hijo”. No era “te necesito”. Era otra vez usar a Mateo como escudo.
—Cruel fue escribirme a las 2 de la mañana para decirme que estorbaba en la fiesta del niño que yo he cuidado desde que nació.
Karla empezó a llorar.
—Yo no quería que pasara así.
La miré.
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