Me casé con un anciano para salvar la vida de mi padre

Me casé con un anciano para salvar la vida de mi padre

—Debes tomarla todas las noches antes de dormir —dijo con voz fría—. Mientras cumplas el trato, tu padre seguirá recibiendo toda la atención médica que necesite.

Quise hacer preguntas, pero su mirada bastó para hacerme callar.

Me tragué la pastilla.

Apenas unos minutos después, un cansancio insoportable recorrió mi cuerpo y perdí el conocimiento.

Al despertar por la mañana no recordaba absolutamente nada.

La misma rutina se repitió noche tras noche. Él aparecía, me entregaba la pastilla y yo caía en un sueño profundo.

Lo más desconcertante era que nunca intentó acercarse a mí de la forma que cualquiera imaginaría. Durante el día apenas hablábamos. Caminaba por la casa como una sombra y me observaba con una expresión imposible de interpretar.

Sin embargo, el miedo no dejaba de crecer.

¿Qué ocurría conmigo durante esas horas perdidas?

Finalmente decidí descubrir la verdad.

Compré una pequeña cámara oculta y la escondí cuidadosamente en mi habitación. Sabía que, si él la encontraba, rompería el acuerdo y las consecuencias serían impredecibles. Pero seguir viviendo con esa incertidumbre era todavía peor.

Aquella noche todo sucedió exactamente igual que siempre.

Él apareció.

Me entregó la pastilla.

La tomé.

Y el mundo volvió a apagarse.

Al día esperé a que saliera de la casa, cerré la puerta con llave y reproduje la grabación.

Durante varios minutos no ocurrió nada extraño. Yo permanecía inmóvil sobre la cama, profundamente dormida.

Entonces la puerta volvió a abrirse.

Él entró lentamente, se acercó sin hacer ruido y se sentó a mi lado.

Contuve la respiración mientras observaba la pantalla.

Con una delicadeza inquietante comenzó a acariciar mi cabello.

Lo hacía con una ternura que resultaba perturbadora.

Pero había algo mucho más escalofriante.

En su rostro apareció una sonrisa extraña, una sonrisa que jamás le había visto cuando estaba despierta.

Quise detener el video, pero era incapaz de mover un solo dedo.

Él continuó sentado junto a mí durante unos segundos eternos.

Y entonces hizo algo que me dejó completamente paralizada de terror…

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