Me casé con un anciano para salvar la vida de mi padre. A cambio, cada noche debía tomar una extraña pastilla antes de dormir, sin imaginar lo que ocurría mientras estaba inconsciente…
Hasta que un día escondí una cámara en mi habitación y lo que descubrí me dejó paralizada de horror.
Me casé con un hombre mucho mayor que yo para salvar a mi padre. No tenía otra alternativa.
Todo comenzó de un día para otro. Mi padre siempre había sido un hombre fuerte y lleno de energía, pero una enfermedad repentina lo dejó al borde de la muerte. Los médicos insistieron en que necesitaba una operación urgente. El costo era tan elevado que sentí que el mundo se derrumbaba bajo mis pies. No tenía dinero, no podía pedir ayuda a nadie y estaba completamente sola.
Fue entonces cuando apareció él.
Era un antiguo compañero de juventud de mi padre. Apenas conocía su nombre. Mi padre me había contado que, cuando eran jóvenes, era un hombre reservado, extraño e incluso inquietante. Con los años había construido una enorme fortuna y se había rodeado de personas influyentes.
Llegó justo cuando más desesperada estaba, como si hubiera sabido desde el principio que ese momento terminaría llegando.
Escuchó toda mi historia sin mostrar la menor emoción. Cuando terminé de hablar, dijo con absoluta calma que pagaría la operación completa.
Pero había un precio.
Debía convertirme en su esposa y firmar un documento comprometiéndome a no revelar jamás lo que ocurriera dentro de su mansión.
No tenía escapatoria. Si quería salvar a mi padre, debía aceptar.
No hubo ceremonia, ni invitados, ni felicidad. Solo unas firmas, un silencio incómodo y la sensación de haber vendido mi libertad.
La primera noche comprendí que había cometido el peor error de mi vida.
Mientras intentaba dormir, la puerta de la habitación se abrió lentamente. Él entró con paso tranquilo y se detuvo frente a mi cama. En su mano sostenía una pequeña pastilla blanca.
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