El dolor, la presión o la opresión en el pecho pueden indicar que el corazón no recibe suficiente sangre. La molestia también puede extenderse hacia uno o ambos brazos, la espalda, los hombros, el cuello o la mandíbula.
Otros posibles síntomas de un ataque cardíaco incluyen falta de aire, sudoración sin motivo, náuseas, vómitos, mareo repentino, cansancio inusual y latidos irregulares. No todas las personas presentan las mismas señales, y algunos ataques cardíacos pueden comenzar con síntomas leves.
Un accidente cerebrovascular puede provocar de manera repentina:
- Debilidad o adormecimiento de un lado del cuerpo.
- Caída de un lado de la cara.
- Dificultad para hablar o comprender.
- Problemas repentinos de visión.
- Pérdida del equilibrio o coordinación.
- Dolor de cabeza intenso sin una causa conocida.
Ante dolor de pecho compatible con un ataque cardíaco o señales repentinas de accidente cerebrovascular, se debe solicitar atención de emergencia inmediatamente. No conviene esperar a que los síntomas desaparezcan ni conducir por cuenta propia hasta el hospital.
¿Cómo se diagnostica el colesterol alto?

El diagnóstico se realiza con un análisis de sangre. El perfil lipídico generalmente informa:
- Colesterol total.
- Colesterol LDL.
- Colesterol HDL.
- Triglicéridos.
La interpretación no debe basarse únicamente en si un resultado aparece marcado como alto o bajo. El nivel adecuado de LDL depende del riesgo individual. Una persona con diabetes, enfermedad renal, antecedentes de ataque cardíaco o alto riesgo cardiovascular puede necesitar un objetivo más bajo que una persona joven sin factores adicionales.
La frecuencia de las pruebas depende de la edad, los antecedentes familiares, los resultados anteriores y otros riesgos. Las personas con enfermedad cardiovascular, diabetes o tratamiento para el colesterol pueden necesitar controles más frecuentes.
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