—¿Hoy?
Mariana asintió.
—Necesito pruebas antes de enfrentarlo.
Valeria cerró la libreta.
—Entonces vamos a hacerlo bien. Porque los sentimientos los niegan. Los registros no.
A las 12:23 de la noche, Alejandro escribió:
Cena larga con clientes. Muerto de cansancio. Quisiera estar en nuestra cama.
Mariana miró la pantalla.
Luego respondió:
Yo también. Descansa.
Y al poner el celular boca abajo, entendió algo que la dejó helada:
Alejandro no sabía que ella ya había abierto la puerta de la verdad.
Y lo que había detrás era mucho peor de lo que imaginaba.
PARTE 2
A la mañana siguiente, Valeria llamó temprano.
—Tengo a alguien —dijo—. Se llama Bruno Salgado. Investigador privado. Ex policía federal. Discreto. Puede empezar hoy.
Mariana estaba sentada en la cocina, con un café intacto frente a ella.
—¿Qué necesita?
—Fechas, nombres, accesos, recibos, todo lo que tengas.
—Lo tengo.
—Entonces no lo enfrentes todavía —advirtió Valeria—. Ni una indirecta. Ni una pregunta inteligente. Los culpables se vuelven cuidadosos cuando huelen peligro.
Mariana casi se rió.
Había actuado normal durante años sin saberlo.
Esa tarde habló con Bruno. Su voz era seca, profesional, sin lástima.
—Señora Montes, encontré algo inicial —dijo—. Camila Robles sí aparece vinculada a una consultora que trabaja con la empresa de su esposo.
—¿Entonces se conocieron por trabajo?
—Probablemente. Lo que estoy revisando es si el trabajo se volvió la excusa… o si la excusa fue construida alrededor de la relación.
Mariana miró el retrato de bodas en la entrada.
—Siga.
—También crucé las fechas de acceso VIP con vuelos públicos. En 7 ocasiones, cuando su esposo le dijo que salía del país, los registros muestran que estaba entrando a México.
Mariana no respondió.
—No se estaba yendo —dijo Bruno—. Estaba regresando.
El cuarto pareció hacerse más pequeño.
Alejandro no solo había mentido sobre sus viajes.
Había construido salidas falsas, horarios falsos, zonas horarias falsas. Le mandaba fotos de salas de espera genéricas. Le llevaba chocolates de aeropuertos como prueba de distancia. Hablaba desde habitaciones de hotel que podían estar en Madrid o en Santa Fe, si la persona del otro lado quería creer.
Y Mariana había querido creer.
Eso dolía casi tanto como la traición.
Dos días después, Bruno entregó el primer informe.
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