Teresa salió de las oficinas de Grupo Automotriz Morales en Santa Fe acompañada por Héctor Salinas y 2 abogados corporativos. Mientras la camioneta avanzaba entre el tráfico de Reforma, llamó a Mariana sin parar.
En el sexto intento, su hija contestó.
“Estoy bien”, susurró. “Escondí el celular. Rodrigo creyó que estaba limpiando su escritorio, pero sospecha.”
“Enciérrate en el cuarto de visitas. No lo enfrentes.”
Esa misma noche, Teresa llegó a la residencia de los Aranda con la cajita de madera. Dentro iba una memoria vacía.
“La encontré”, dijo, entregándosela a Rodrigo.
Él la tomó con los ojos brillantes. Ni siquiera revisó el contenido. La avaricia siempre tiene prisa.
Lidia aprovechó para humillar a Mariana frente a su madre.
“Tu hija ni para servir la cena sirve. Todo está frío.”
Teresa sonrió apenas.
“¿Y la empresa, Rodrigo? ¿Todo bien?”
Rodrigo palideció. Para ese momento, sus líneas de crédito ya estaban congeladas y 4 proveedores habían suspendido entregas.
“Un error del banco”, murmuró.
A la mañana siguiente, Rodrigo intentó solicitar el último préstamo. El banco rechazó la memoria vacía, negó la operación y le informó que Grupo Automotriz Morales había retirado todo respaldo comercial. Esa noche llamó a Teresa con una cortesía que nunca había tenido.
“Doña Tere, queremos invitarla a una comida familiar el domingo. Hay que hablar del futuro financiero de Mariana.”
“Con gusto”, respondió ella.
Sabía lo que querían: rodearla de parientes ricos, intimidarla y obligarla a vender “el tallercito” para pagar la deuda que ellos habían fabricado.
El domingo, Teresa llegó con un vestido gris sencillo y una bolsa de manta. Lidia la recibió en voz alta para que todos escucharan.
“Pensé que venía en camión, Teresa. La gente trabajadora está acostumbrada a caminar.”
En el comedor había tíos, primos y socios menores. Sobre la mesa brillaban mariscos, vinos caros y platos finos. Todo cargado a tarjetas de Mariana, porque las cuentas de Rodrigo ya no servían.
Mariana, con un delantal, servía la comida sin levantar la vista.
Lidia se puso de pie.
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