“Grupo Armenta Capital revisó los estados financieros de TecnoSalud Santillán. Encontramos pagos por consultoría a Montes Strategic Services, empresa registrada a nombre del hermano de la señorita Valeria Montes.”
Valeria palideció.
“Esos pagos eran por coordinación internacional.”
Arturo pasó una hoja a Ernesto.
“Esa empresa no tiene empleados, domicilio operativo ni reportes de servicio entregados. También encontramos compras personales cargadas a presupuestos de investigación, incluyendo joyería de alta gama.”
Los ojos del consejo se movieron hacia los aretes de Valeria.
Ella se los quitó con manos temblorosas.
“Diego me dijo que todo estaba autorizado.”
Diego volteó hacia ella con rabia.
“Tú firmaste las facturas.”
“Porque tú me lo pediste.”
“Porque tú sabías lo que hacías.”
La pareja que minutos antes se había mostrado como símbolo de ambición y elegancia comenzó a destruirse frente al mismo público al que quería impresionar.
Mariana observó a Diego y sintió una tristeza extraña, no por perderlo, sino por reconocerlo al fin sin maquillaje. Su marido no estaba defendiendo a Valeria. Tampoco a la empresa. Solo buscaba a quién empujar al barranco antes de caer.
Ernesto revisó otra hoja y levantó la vista.
“Aquí aparece Mariana Rivas como asesora patrimonial e intermediaria con Grupo Armenta.”
Diego se quedó rígido.
Mariana dio un paso al frente.
“Yo nunca ocupé ese cargo. Nunca autoricé mi nombre. Nunca firmé ese documento.”
Arturo agregó:
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