Su esposo le entregó a su madre los 10,000 pesos de su aguinaldo y la dejó pagando sola la hipoteca, la colegiatura de su hija y la cena de Año Nuevo. Cuando ella lo enfrentó, él le gritó: “Tú ganas más, tú arréglatelas”. En Nochevieja, ella sirvió frijoles… sacó su celular y les mostró una transferencia bancaria que dejó a toda la familia helada.

Su esposo le entregó a su madre los 10,000 pesos de su aguinaldo y la dejó pagando sola la hipoteca, la colegiatura de su hija y la cena de Año Nuevo. Cuando ella lo enfrentó, él le gritó: “Tú ganas más, tú arréglatelas”. En Nochevieja, ella sirvió frijoles… sacó su celular y les mostró una transferencia bancaria que dejó a toda la familia helada.

Tampoco lo supo.

Doña Elvira intervino.

“Eso no importa. Los hombres trabajan. Las mujeres nacieron para cuidar niños.”

La jueza levantó la mirada.

“Señora, una interrupción más y tendrá que salir.”

Lucía continuó.

“También existe un reporte policial por alteración del orden, una grabación con amenazas y mensajes donde el padre acusa de secuestro a la madre sin tener orden judicial. Además, el 31 de diciembre hubo destrucción de objetos dentro del hogar frente a la menor.”

El abogado de Raúl intentó suavizarlo.

“Fue una discusión familiar aislada.”

Lucía entregó otro documento.

“Después de las medidas provisionales, Sofía fue valorada por una psicóloga. La menor declaró que cuando su padre gritaba, ella se encerraba en su cuarto, abrazaba un oso y esperaba a que los golpes contra los muebles terminaran.”

Raúl apretó la mandíbula.

No parecía dolido por el miedo de su hija.

Parecía furioso porque ese miedo ya estaba escrito.

La jueza cambió al tema del departamento.

El abogado de Raúl se enderezó.

“Doña Elvira aportó cincuenta mil pesos para el enganche. Sin esa ayuda, el inmueble no se habría comprado. Solicitamos que el uso y eventual propiedad se reconozcan a favor del señor Medina.”

Lucía sacó una hoja con columnas.

“Reconocemos esa aportación, y mi clienta está dispuesta a devolverla. Pero el departamento costó un millón cuatrocientos mil pesos. Durante ocho años, Mariana pagó casi toda la hipoteca desde su cuenta de nómina, además de mantenimiento, predial, seguros y reparaciones.”

Señaló otra columna.

“En los últimos veinticuatro meses, el señor Raúl aportó mil ochocientos pesos verificables al hogar.”

La jueza frunció el ceño.

“¿Mil ochocientos pesos en dos años?”

“Mil ochocientos”, repitió Lucía. “Mientras tanto, transfirió de manera constante dinero a la cuenta de su madre.”

Raúl bajó la mirada.

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