“Yo no sabía que era ilegal”, balbuceó.
Herrera la miró con severidad.
“Sabía lo suficiente para beneficiarse. La autoridad determinará su responsabilidad.”
Dos agentes ministeriales entraron al salón con una orden judicial. Se acercaron al estrado mientras los periodistas levantaban cámaras y micrófonos.
Rodrigo perdió toda compostura.
Cayó de rodillas frente a mí.
“Perdóname, Mariana. Te devuelvo todo. Firmo el divorcio hoy. Renuncio. Solo paga lo que debo a esos prestamistas antes de que me hagan daño.”
Di un paso atrás.
“No voy a gastar otro peso limpiando tus decisiones.”
“¡Soy tu esposo!”, gritó con lágrimas en la cara.
“Eras mi esposo cuando me encerraste”, respondí. “Eras mi esposo cuando te burlaste de mi padre muerto. Y aun así elegiste comportarte como mi peor enemigo.”
Los agentes lo escoltaron entre flashes y gritos. Ximena intentó cubrirse la cara con su bolsa de diseñador, pero ya era tarde. Afuera, los reporteros habían sido convocados para una conferencia formal sobre la reestructura del grupo.
Ese mismo día, el consejo revocó todos los poderes de Rodrigo. Las camionetas fueron recuperadas. Las cuentas quedaron bajo revisión. La casa de Lomas de Chapultepec volvió al fideicomiso Aguilar.
Cuando los actuarios llegaron a desalojar la residencia, Beatriz gritó que esa mansión era de su hijo, que Rodrigo se la había ganado con esfuerzo.
El representante legal le mostró las escrituras.
“Esta propiedad siempre perteneció al fideicomiso de don Ernesto Aguilar.”
Beatriz se quedó muda.
Renata llamó a sus amigas ricas para pedir ayuda, pero ninguna contestó después de enterarse de que ya no tenía acceso a tarjetas ni cuentas. Las mismas personas que la aplaudían en comidas de lujo desaparecieron como humo.
Ximena traicionó a Rodrigo para salvarse. Entregó mensajes, grabaciones y nombres de cómplices. Dijo que había sido manipulada, aunque los peritos encontraron pruebas de que participó activamente en las empresas fantasma.
Rodrigo pasó de llamarla “el amor de su vida” a culparla de su ruina. Ella respondió revelando cuentas ocultas en el extranjero. Su romance terminó en declaraciones cruzadas ante un fiscal.
La investigación duró meses.
El nuevo equipo directivo pagó salarios retenidos, compensó a proveedores honestos y revisó cada contrato. Yo creé una línea confidencial para denuncias internas y un fondo de apoyo para trabajadores afectados por abuso financiero y familiar.
Rodrigo fue imputado por fraude, falsificación de documentos y desvío millonario. En la audiencia, buscó mi rostro entre las bancas del juzgado.
Yo no fui.
No necesitaba verlo caer.
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