—Cuando te lastiman muchas veces, aprendes a entender el cuerpo.
Mateo la miró con hollín en el rostro y vergüenza en los ojos.
—Acepté casarme contigo para salvar a mi familia —confesó—. Creí que podía mantener distancia, cumplir el acuerdo y recuperar lo que perdimos. Pero ya no me importa una empresa ni un apellido si para conservarlos tengo que entregarte a tu padre.
Valeria lo observó en silencio.
—Él va a ofrecerte todo otra vez.
—Entonces volveré a decir que no.
—¿Por qué renunciarías a tanto por mí?
Mateo no buscó una frase bonita.
—Porque cuando entras a una habitación, te busco sin pensarlo. Porque admiro tu inteligencia, tu valor y la forma en que sigues de pie aunque todos hayan intentado convencerte de lo contrario. Porque esta noche tú me salvaste la vida cuando todos juraban que eras la frágil.
No dijo que era hermosa para consolarla.
No habló de su rostro como si fuera una herida que debía perdonar.
Habló de ella.
Valeria fue quien se inclinó primero y lo besó.
A la mañana siguiente, los peritos de la Fiscalía confirmaron que el incendio había sido provocado. Encontraron acelerantes químicos en el pasillo y registros telefónicos que mostraban una llamada de Octavio Rivas al guardia de la propiedad minutos antes de que el hombre desapareciera.
Don Ernesto negó todo en público.
Pero en privado decidió ejecutar su último movimiento.
Citó a Mateo en una notaría de Santa Fe.
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