El juez Ramírez dejó los papeles sobre el escritorio con una calma peligrosa.
—Mateo, necesito que me digas la verdad. ¿Tu papá te prometió un perro a cambio de decir algo en esta audiencia?
Mi hijo miró primero hacia mí. Yo asentí apenas, con el corazón deshecho.
—Sí —respondió—. Me dijo que si decía que quería vivir en su casa, me compraría un golden retriever. También una bicicleta y una cama con forma de nave espacial.
Rodrigo se pasó la mano por la frente.
—¡Yo solo quería emocionarlo con la idea de pasar más tiempo conmigo!
El juez no le respondió. Siguió mirando a Mateo.
—¿Y te dijo algo si no hacías eso?
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