La oscuridad duró 18 segundos.
Alejandro los contó.
En el segundo 19, se encendieron las luces de emergencia. La suite quedó teñida de rojo suave, como si el hotel hubiera empezado a sangrar por dentro.
Lucía estaba arrodillada junto al sofá, cubriendo a los niños con su cuerpo. Tomás temblaba con el elefante contra el pecho. Valentina no lloraba. Eso asustó más a Alejandro. Los niños que aprenden a guardar silencio demasiado pronto siempre conocen algo que no deberían conocer.
La tarjeta maestra volvió a sonar en la puerta.
Alejandro tomó el teléfono interno.
—Bloqueen todos los accesos al piso 38.
La voz del jefe de seguridad respondió con tensión:
—Señor, no puedo. El sistema fue intervenido desde administración.
Ignacio.
Alejandro sintió una calma helada.
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