Ahora se escuchaba a Rodrigo.
—¿Y si se niega a firmar el crédito?
La voz de Doña Teresa respondió:
—Entonces haz lo que tengas que hacer. Pero esa casa tiene que quedar bajo control de la familia.
Rodrigo abrió los ojos de golpe.
—Apaga eso.
Mariana no obedeció.
Ya no era esa mujer que agachaba la mirada mientras él cenaba tarde oliendo a perfume ajeno. Ya no era la esposa que fingía no ver los mensajes. Ya no era la nuera que soportaba comentarios disfrazados de consejos.
La pantalla mostró después un video.
Rodrigo entrando a un hotel de Polanco con Camila Duarte.
Rodrigo saliendo de una casa en Valle de Bravo comprada con dinero de la fundación.
Rodrigo firmando documentos con la firma imitada de Mariana.
Rodrigo levantándole la mano a Mariana en el pasillo, 2 semanas antes.
Doña Teresa se cubrió la cara.
Pero Mariana sabía que no lloraba por culpa.
Lloraba por exposición.
Rodrigo dio un paso hacia Mariana.
—Eres una maldita traidora.
Un agente lo sujetó del brazo.
—No se acerque.
Rodrigo forcejeó.
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