El milagro de La Guaira: 32 horas bajo los escombros abrazando la vida

El milagro de La Guaira: 32 horas bajo los escombros abrazando la vida

​»Si él respiraba, yo seguía viva»

​Las siguientes horas se convirtieron en una batalla psicológica y física contra el agotamiento y la asfixia. Sin poder moverse ni un milímetro, Dayana entendió que su mayor enemigo era quedarse dormida o perder el conocimiento, lo que habría dejado al bebé desprotegido.

​»El bebé fue mi motor para estar despierta y alerta», confesó la madre. En el silencio de la tumba de concreto, el llanto intermitente de Juan David no era una señal de desesperación para ella, sino el recordatorio constante de que tenía que resistir.

​Para cerciorarse de que todo marchaba bien en la penumbra, Dayana repetía mecánicamente el mismo tierno gesto cada pocos minutos: «De vez en cuando le tocaba la nariz para comprobar que seguía respirando. Mientras él estuviera vivo, yo también lo estaría». Una diminuta grieta entre los bloques dejaba pasar un haz de luz de la luna, convirtiéndose en su única noción del paso del tiempo.

​El reencuentro con la luz

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top