—Quiero un abogado.
—Lo va a necesitar.
Diego miró al general.
—Esto es por lo que le pasó a Camila. Usted está vengándose.
—No —respondió Sandoval—. Lo que le pasó a Camila nos obligó a reabrir un expediente que ella había pausado por su embarazo.
Diego tragó saliva.
—¿Ella me investigaba?
—Al principio, sí.
—¿Al principio?
El general abrió una página y se la mostró.
Allí estaba su nombre.
DIEGO ARMENTA.
Debajo, un sello rojo:
SUJETO IDENTIFICADO.
Diego negó con la cabeza.
—No. Ella me amaba.
—Lo amaba —dijo el general, y por primera vez su voz se quebró un poco—. Ese fue el problema.
La mujer del traje continuó:
—Antes de retirarse temporalmente, Camila presentó un informe final. Escribió que usted quizá no comprendía la red criminal de su familia. Solicitó separar su nombre de la acusación principal hasta tener más pruebas.
Diego sintió que el suelo se abría.
Camila lo había protegido.
Incluso mientras él se quejaba de sus citas médicas. Incluso mientras él dejaba que su madre la humillara.
—No sabía —murmuró.
El general apretó la carpeta.
—Parece ser lo único que sabe decir.
En ese momento, un capitán salió de la casa con una tablet.
—General. Llamaron del hospital.
Sandoval giró de inmediato.
Leave a Comment