—Pero sí creíste que Mariana era capaz de lastimar a su propia hija.
—Estaba asustado.
—Mariana también. La diferencia es que ella corrió para salvar a Sofía y tú corriste para proteger a tu mamá.
Ricardo bajó la cabeza.
—Perdón.
—El perdón no borra que intentaste impedirle llegar a la cámara. Tampoco borra que la acusaste delante de la policía sin una sola prueba.
—Fue una reacción.
—Fue una elección.
Antes de que Sofía saliera del hospital, Mariana contrató a una abogada familiar. Solicitó una orden de protección contra Teresa, custodia provisional exclusiva y visitas supervisadas para Ricardo.
Cuando él recibió los documentos, la llamó llorando.
—Mariana, soy su padre.
—La paternidad no es una palabra en un acta. Se demuestra cuando una hija está en peligro.
—No sabía quién era culpable.
—No necesitabas saberlo para tratar a tu esposa como un ser humano.
Sofía permaneció hospitalizada durante 2 semanas. Tuvo que aprender a caminar sin doblarse por el dolor y comenzó una dieta estricta. Durante meses despertó gritando que los peces habían regresado.
La madre de Mariana viajó desde Tepic y se quedó con ellas. Su amiga Lucía llevaba comida, ropa limpia y cuentos infantiles. Ricardo acudía a las visitas supervisadas, aunque Sofía casi nunca quería acercarse.
La primera vez llegó con una muñeca enorme y 12 globos.
—No necesita regalos —le explicó Mariana—. Necesita sentirse segura.
Ricardo dejó todo en una esquina y se sentó en el piso.
—¿Quieres que te lea algo?
Sofía eligió un cuento, pero permaneció lejos de él. Ricardo leyó sin intentar tocarla, sin pedirle abrazos y sin exigirle que lo perdonara.
Fue el primer gesto correcto que tuvo desde la noche del hospital.
Mientras tanto, Teresa intentó presentarse como una abuela confundida. Declaró que jamás imaginó que los imanes pudieran provocar lesiones tan graves.
Pero el video demostraba que había obligado a Sofía a guardar silencio.
Sus búsquedas demostraban que había investigado las consecuencias.
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