Elena encendió una grabadora.
—Todo lo que se diga aquí quedará documentado.
Abrió una carpeta.
—Karla, ¿admites que tomaste la pulsera de tu madre?
Karla bajó la mirada.
—Sí.
—¿La vendiste para pagar deudas personales?
—Sí.
—¿Culpaste a Sofía sabiendo que era inocente?
Karla empezó a llorar.
—Sí.
Graciela se llevó una mano a la boca.
Elena no se detuvo.
—¿Ayudaste a sujetar a la niña mientras tu madre le rapaba la cabeza?
Karla se quebró.
—Sí.
El silencio cayó como una losa.
Elena miró a Graciela.
—¿Admite usted que rapó a su nieta sin comprobar nada?
Graciela tardó en responder.
—Yo creí que…
—No le pregunté qué creyó —la interrumpió Elena—. Le pregunté qué hizo.
Graciela agachó la cabeza.
—Le corté el pelo.
—No —dije por primera vez—. No se lo cortó. Se lo quitó para humillarla.
Nadie habló.
Después Elena miró a Roberto.
—¿Admite haber golpeado a Valeria mientras ella cargaba a su hija?
Roberto apretó la mandíbula.
—Fue una cachetada. Ella estaba gritando.
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