Humillaron a su hija en cada boutique, asegurando que no había nada bonito para su talla. Su mejor amigo pasó once noches confeccionándole un vestido, pero lo que escondió entre las costuras dejó a todo el baile de graduación sin palabras.

Humillaron a su hija en cada boutique, asegurando que no había nada bonito para su talla. Su mejor amigo pasó once noches confeccionándole un vestido, pero lo que escondió entre las costuras dejó a todo el baile de graduación sin palabras.

Solo contenía una frase:

“Emiliano todavía no les ha contado por qué Mateo grabó ese mensaje.”

PARTE 3: LO QUE MATEO DEJÓ SIN TERMINAR

Claudia leyó el mensaje tres veces.

La cuenta de Mateo había permanecido inactiva desde su muerte. Nadie en la familia tenía la contraseña. Durante unos segundos pensó que alguien estaba jugando con su dolor, aprovechando la fama repentina del video.

Entonces llegó un segundo mensaje.

Era una fotografía tomada un año atrás. En ella aparecían Mateo y Emiliano sentados en la cochera de los Salgado, rodeados de telas, agujas y dibujos de vestidos.

Al reverso de uno de los bocetos podía leerse:

“Proyecto Reni. Por si algún día no alcanzo a cumplir mi promesa.”

Claudia fue directamente a la casa de Emiliano.

Lo encontró en la cocina, guardando retazos de tela mientras su madre respondía llamadas de reporteros. Al verla entrar, el muchacho bajó la mirada.

—¿Quién está usando la cuenta de Mateo? —preguntó Claudia.

Emiliano palideció.

—Yo.

—¿Por qué?

El joven sacó un teléfono antiguo de un cajón.

—Mateo me dio la contraseña dos semanas antes del accidente. Programó varios mensajes, pero algunos no se enviaron porque su cuenta quedó bloqueada. Anoche logré recuperarla.

Claudia sintió que el suelo se movía.

—¿Por qué Mateo estaba planeando ese vestido antes de morir?

Emiliano se sentó lentamente.

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