“Será la Matrona de la Academia”, dijo Julian. “Dicen que oye el latido de una enfermedad antes de que un médico siquiera toque al paciente. Ella es el alma de esta operación.”
El pueblo contuvo la respiración. Malik, el padre de Zainab, salía arrastrándose de las sombras de su cobertizo, con los ojos desorbitados de codicia. “¡Tómalo!” gritó, su voz un canizo patético. “¡Toma el oro! ¡Podemos volver a la finca! ¡Podemos ser reyes otra vez!”
Zainab no miró a su padre. Ni siquiera reconoció su existencia. Extendió la mano y encontró la de Yusha, entrelazando sus dedos con los de él.
“No somos la gente que vivía en esa ciudad”, dijo Zainab al gobernador. “Esa versión de nosotros murió en el fuego y la oscuridad. Si vamos, no iremos como élites ‘restauradas’. Vamos como los mendigos que aprendieron a ver.”
“Acepto tus condiciones”, dijo Julian, una pequeña sonrisa genuina rompiendo su fachada pétrea.
La partida no fue un gran desfile. Solo se llevaron sus hierbas, sus instrumentos de plata y los recuerdos de la choza.
Mientras el carruaje subía la cresta hacia la ciudad, Zainab sintió que el aire cambiaba. El aroma del río se desvaneció, reemplazado por el pesado y complejo olor a piedra, humo y humanidad.
“¿Tienes miedo?” susurró Yusha, envolviendo las pieles alrededor de ella.
“No”, dijo ella, apoyando la cabeza en su hombro. “La oscuridad es igual en todas partes, Yusha. Pero ahora, llevamos la luz.”
En el valle de abajo, la casa de piedra permanecía vacía, pero el jardín seguía creciendo. Años después, los viajeros se detenían allí para recoger una ramita de lavanda, contando la historia de la chica ciega que se casó con un mendigo y acabó enseñando a un reino cómo sanar.
Dicen que en ciertas noches, cuando el viento es justo, aún se puede oír el sonido de un hombre describiendo las estrellas a una mujer que las vio con más claridad que nadie.
El fuego les había arrebatado el pasado, la oscuridad había moldeado su presente, pero juntos habían tallado un futuro que ninguna llama podía tocar ni ninguna sombra podía ocultar.
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