Otro momento, todavía más emocional, ocurrió con un joven fallecido en un accidente. El cuerpo estaba allí, inmóvil, pero él asegura que escuchó una voz con insistencia: “Llama a mi mamá”.
No dice que lo oyera con los oídos como una conversación normal, sino “en la cabeza”, con una claridad que le resultó imposible confundir con imaginación. Fue tanta la insistencia que tomó una decisión que no suele hacerse: llamar a la madre y permitirle entrar.
La madre, destrozada, empezó reclamándole. Y entonces pasó lo inesperado: el cuerpo, según el relato, comenzó a llorar.
Él sostiene que en esos casos no debe secarse esas lágrimas. Dice que hay quienes creen que hacerlo “te lleva”, como si el dolor abriera un hilo peligroso entre el vivo y el muerto. La madre, en medio del shock, terminó cambiando el tono: pidió perdón, habló con amor… y el llanto cesó.
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