Carmen repartió algunas conservas.
Lucas alimentó la estufa.
La señora Marta tejía en silencio, como si eso ayudara a mantener la calma.
En un momento Don Ramiro miró a Elena.
—Te debo una disculpa.
Ella levantó la vista.
—¿Por qué?
—Por todas las veces que dije que estabas loca.
Elena sonrió levemente.
—Tal vez lo estaba.
Pero entonces Lucas negó con la cabeza.
—No.
Todos lo miraron.
—El loco era el pueblo —dijo él.
Pasaron dos días bajo tierra.
La tormenta no se detenía.
Más personas comenzaron a llegar.
Primero dos.
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