Aún no se conoce con exactitud a qué se deben las reacciones fisiológicas propias de la hematofobia. Una hipótesis es que el miedo provocaría una fuerte reacción inicial. Dependiente del sistema nervioso vegetativo simpático (el que nos prepara para una situación de alerta), esta se manifestaría con un aumento brusco de la frecuencia cardiaca y de la presión arterial, seguida de un fuerte incremento de la actividad parasimpática que contrarrestaría la reacción anterior.
Esto desembocaría en el descenso del ritmo cardiaco y la presión arterial, dando como resultado las sensaciones de mareo y el desmayo.
El problema es que los datos no confirman del todo esa explicación. Más bien, lo que se observa es una caída de la presión arterial que no se suele acompañar de una bajada brusca de la frecuencia cardiaca, sino de un leve descenso.
Leave a Comment