Condenada en 1992, pasó sus últimos años en prisión. Sus declaraciones posteriores mostraban contradicciones: momentos de enojo, frustración, intentos de justificar sus actos y, en ocasiones, expresiones de arrepentimiento.
Insistió hasta el final en que había actuado por miedo, aunque reconocía la gravedad de lo sucedido.
Fue ejecutada el 9 de octubre de 2002. Sus últimas palabras fueron breves y enigmáticas: “Volveré… como en las películas.”
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