Los medios la etiquetaron como “la primera mujer asesina en serie de Estados Unidos”, un título que marcó para siempre la percepción pública.
Algunos la veían como una criminal fría y peligrosa. Otros comenzaban a preguntarse cuánto había influido su historia de abandono y violencia en el rumbo que tomó su vida.
Su juicio fue ampliamente cubierto por la prensa, transformándose en un espectáculo que intensificó la polarización social en torno a su figura.
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