Lo primero que hay que reconocer es que la mayoría de los infartos dan señales previas. Puede ser una presión en el pecho que va y viene, un dolor que se irradia al brazo izquierdo o a la mandíbula, dificultad para respirar, mareos, náuseas o incluso un sudor frío repentino. Tu cuerpo te avisa, pero muchas veces no lo escuchamos porque estamos ocupados, distraídos o simplemente porque no creemos que nos pueda pasar.
Si estás solo y empiezan estos síntomas, lo peor que puedes hacer es ignorarlos. Tu instinto podría decirte: “Déjame sentarme un rato, quizá se me pasa”. Pero los infartos no funcionan así. Si algo se siente mal, muy mal, es por una razón.
Lo primero —y más urgente— es pedir ayuda inmediatamente. Incluso si no estás seguro al 100% de que se trata de un infarto, llama a los servicios de emergencia. No esperes que el dolor empeore para marcar. En países como República Dominicana, por ejemplo, puedes llamar al 9-1-1 y describir tus síntomas. Ellos no te van a juzgar ni te van a decir que estás exagerando. Su trabajo es responder ante cualquier señal de alarma, y un dolor en el pecho siempre lo es.
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