Una semana después del funeral, recibió una llamada.
—Habla el abogado Alejandro Vargas —dijo una voz formal—. Hay un asunto relacionado con la herencia del señor Salazar.
Valeria se confundió.
—Creo que se ha equivocado de persona.
—No me he equivocado. El señor Salazar pidió expresamente que usted estuviera presente.
El viernes siguiente llegó al despacho.
Varios familiares ya estaban allí.
Algunos la observaban.
Otros murmuraban.
—Es ella.
—La falsa nieta.
Valeria deseó desaparecer.
Entonces el abogado abrió una carpeta gruesa.
—Antes de fallecer, Ricardo Salazar dejó una instrucción especial relacionada con la señorita Valeria Mendoza.
Todos giraron la cabeza hacia ella.
Su corazón latía con fuerza.
Y entonces comenzó la lectura.
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