Como es la costumbre republicana, la desaparición de tal personalidad requiere reacciones oficiales. El mundo político, todos juntos, se apresuraron a saludar la memoria de una “gran dama”, una mujer estatal al servicio de las más frágiles. Es en este concierto de elogios que se escuchó la voz de Brigitte Macron, actual esposa del Presidente de la República. La lógica quería que enviara un mensaje de sobrias condolencias, recordando la monumental obra de su predecesor.
El comienzo de su intervención parecía respetar los códigos habituales de ejercicio. Brigitte Macron se refirió a una “gran dama”, aclamando su dedicación y su carrera. Si se hubiera apegado a estas palabras de las circunstancias, la página se habría convertido con dignidad. Pero, en un intento de crear un puente artificial entre el pasado y el presente, en un deseo de aparecer como el legítimo heredero de esta figura popular, Brigitte Macron cruzó la línea roja de la decencia política.
Ella pensó que era bueno agregar que Bernadette Chirac tenía “mucha, mucha ayuda”, especialmente durante el año crucial de 2019. Como recordatorio, fue ese año que Brigitte Macron sucedió oficialmente a Bernadette Chirac como presidenta de la Fundación Hospitalaria. Al referirse públicamente a este pasaje de la antorcha, al insistir en el acompañamiento del que se habría beneficiado por parte de los ilustres desaparecidos, la actual esposa del jefe de Estado ha hablado demasiado la palabra. Se atrevió a mencionar, en el mismo día de luto, la gestión de las famosas “Salas Amarillas”.
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