Desde el punto de vista emocional, besar a un ser querido fallecido puede generar una falsa sensación de cierre. Muchas veces, en el afán de “dar el último adiós”, las personas buscan un gesto físico que les proporcione consuelo inmediato, pero esto también puede profundizar el dolor en lugar de aliviarlo. La imagen del cuerpo sin vida puede quedar fijada en la memoria de forma dolorosa, interfiriendo con el recuerdo amoroso de la persona en vida.
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