Incluso cuando la persona no haya muerto por una causa contagiosa, el cuerpo humano atraviesa ciertos procesos naturales tras el deceso. La descomposición celular comienza rápidamente, y aunque no es visible de inmediato, la liberación de fluidos, gases y toxinas forma parte del proceso. Esta transformación, inevitable y biológica, hace que el contacto con ciertas partes del cuerpo sin protección no sea lo más higiénico ni seguro.
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