Durante dos meses, no existí.
Sin tarjetas.
Sin teléfono.
Sin rastro digital.
Mientras tanto, Carolina y mi viejo amigo Samuel Castillo, un investigador privado, montaron una trampa perfecta.
Bruno creyó que yo había huido.
Y entonces cometió todos los errores posibles:
- Contrató a un falsificador.
- Falsificó mi firma.
- Traspasó mi casa.
- La hipotecó por dos millones de dólares.
- Usó ese dinero para pagar deudas de juego, amantes y prestamistas.
- Planeó huir.
Todo fue grabado.
Todo fue documentado.
Y lo peor: quedó registrado que también planeaba deshacerse de Carolina cuando ya no le fuera útil.
Leave a Comment