Conduje durante la noche lluviosa hasta Seattle.
Cuando llegué al apartamento 304, Carolina abrió la puerta y se derrumbó en mis brazos.
No era una traidora.
Era una hija que había arriesgado todo para salvarme.
Me mostró grabaciones, documentos, fotos, movimientos de dinero, pruebas del fraude y de los planes para matarme… y para matarla a ella después.
Necesitábamos algo más: que Bruno cometiera delitos imposibles de negar.
Entonces decidimos desaparecerme oficialmente.
Yo me convertiría en un fantasma.
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