Las más habituales son las manchas marrones que aparecen en el dorso de las manos con el paso de los años. Se producen por la acción acumulada de los rayos ultravioleta, que estimulan la producción irregular de melanina. Suelen intensificarse con la edad y son más comunes en personas que pasan mucho tiempo al aire libre sin protección adecuada.
Con el tiempo, la piel pierde elasticidad y se vuelve más fina. Este proceso natural favorece la aparición de zonas con pigmentación desigual. En determinadas etapas, como la menopausia, los cambios hormonales pueden hacer que estas manchas se vuelvan más visibles o numerosas.
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