A muchas personas que se alejan de su familia se las juzga con dureza. Se las llama frías, ingratas o egoístas. Sin embargo, desde la psicología profunda, especialmente desde la visión de Carl Jung, la historia es muy distinta.
No siempre se trata de rechazo, sino de conciencia. De un proceso interno en el que alguien deja de vivir para sostener un sistema que lo lastima y comienza a vivir para preservar su salud emocional.
Romper con la familia no suele ser un acto impulsivo. Casi siempre es el resultado de años de silencios, intentos fallidos, culpa y agotamiento emocional.

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