Mi esposo empacaba emocionado: hostales baratos, habitaciones compartidas, mochilas y mapas. Yo empacaba trajes elegantes, vestidos profesionales. Mi propio uniforme de batalla.
El día de su vuelo, esperé dos horas… y tomé un taxi al mismo aeropuerto. Viajábamos al mismo continente, pero a mundos completamente distintos.
El encuentro inesperado
Dos días después, salía de una reunión exitosa cuando lo vi. Mi esposo caminaba con sus amigos por la calle. Mochilas, ropa casual.
Nuestros ojos se cruzaron.
Yo subí al automóvil de la empresa. Él se quedó congelado en la vereda.
Esa noche, mi teléfono explotó de mensajes. No respondí. Estaba cenando con colegas, construyendo futuro.
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