Su teléfono sonó. Era su madre. Me pasó el celular.
—Espero que no seas egoísta —me dijo—. Es solo un viaje. Ustedes tendrán toda la vida juntos. Además, puedes venir a mi casa mientras él no está.
Colgué sin discutir. Sonreí. Le dije a mi esposo que estaba de acuerdo. Lo abracé… pero por dentro algo se rompió en silencio.
Lo que él no sabía
Lo que nadie sabía era que yo tenía programada una conferencia internacional en Europa, clave para mi carrera. Mi jefe me había dado permiso para no asistir por la luna de miel.
Esa misma noche llamé a mi jefe.
—Sí puedo asistir —le dije—. Hubo un cambio de planes.
El cliente había pedido específicamente por mí. Mi lugar era ahí.
No cancelé las reservas de las Maldivas. Las dejé como un recordatorio.
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