Los hábitos antes de dormir también tienen un impacto directo en la calidad del descanso.
El uso del teléfono móvil, la tablet o la televisión en la cama expone al cerebro a estímulos visuales intensos y a luz azul, lo que estimula la actividad cerebral y retrasa la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño.
Como consecuencia, el descanso se vuelve más superficial y aumenta la probabilidad de despertarse temprano durante la noche.
Alcohol y cafeína: aliados engañosos
Muchas personas creen que una copa de alcohol antes de dormir ayuda a relajarse. Aunque inicialmente puede generar sensación de sueño, el alcohol altera la estructura natural del descanso.
Después de algunas horas aparece un efecto rebote, que provoca despertares nocturnos y un sueño fragmentado.
La cafeína también puede interferir con el sueño si se consume por la tarde o por la noche, ya que mantiene al sistema nervioso en estado de activación.
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