El señor Ortega se acercó a mí. Señor Horacio, bienvenido. Conozco la historia de lo que hizo Graciela. Todos en esta junta la conocemos. Ella nos habló de usted muchas veces antes de enfermar. Decía que era el único hombre decente en su familia. Ahora entiendo por qué le dejó esto. Los otros miembros también se presentaron. Fueron respetuosos, profesionales. Los otros me explicaron el estado actual de la empresa, las operaciones, los contratos, los desafíos. Mi cabeza daba vueltas tratando de absorber toda la información.
Mauricio intervino. Señores, Horacio necesita tiempo para procesar todo esto. Propongo que agendamos una reunión formal la próxima semana para revisar todo en detalle. Me sentí agradecido. La sala parecía aún más grande una vez que los demás se habían ido. Cuando todos se fueron, me quedé solo con Mauricio en esa enorme sala. ¿Ahora qué? Mi voz sonaba pequeña en el espacio vacío. Ahora necesitas un lugar donde vivir, dinero en efectivo, ropa, una vida. Mauricio me llevó a un banco.
Como accionista mayoritario, tenía acceso a líneas de crédito corporativas. También podía recibir un adelanto de dividendos. El gerente del banco, después de revisar toda la documentación, aprobó una transferencia inmediata de $50,000 a una cuenta nueva a mi nombre. $50,000. Hace dos días tenía cero, literalmente cero. El gerente me entregó una tarjeta de débito temporal. Los fondos estarían disponibles en una hora. Salimos del banco. El sol todavía estaba alto. Eran solo las 3 de la tarde, pero sentía que habían pasado semanas completas desde la mañana.
Vamos a conseguirte ropa decente y un hotel. Después podemos hablar sobre opciones de vivienda permanente. Fuimos a una tienda departamental. Mauricio me ayudó a elegir tres trajes, camisas, zapatos y ropa casual. El vendedor nos atendió con esa sonrisa profesional que te dan cuando saben que vas a gastar dinero. Cuando llegó el momento de pagar, saqué mi tarjeta nueva. Funcionó. 300 en ropa. Ni siquiera parpadeo. Hace una semana $000 hubieran sido una fortuna imposible. Ahora era solo el comienzo.
Mauricio reservó una suite en un hotel de lujo. Quédate aquí mientras decides qué hacer. Todo corre por cuenta de la empresa. Me dejó en el lobby con una palmada en el hombro. Descansa, Horacio. Mañana comenzamos el verdadero trabajo. Subí a la habitación. Era enorme. Cama tamaño king, baño con tina, vista a la ciudad. Me quedé parado en medio de la habitación sin saber qué hacer. Primero decidí bañarme. Llené la tina con agua caliente. Me hundí en ella y por primera vez en meses sentí algo parecido a la paz.
Leave a Comment