El Patrón Rico le pagó 30 años con “Monedas viejas”, llenas de barro… Sin saber quién era…

El Patrón Rico le pagó 30 años con “Monedas viejas”, llenas de barro… Sin saber quién era…

Algo le pasó. Y sí, algo le había pasado. Algo que no se podía explicar con palabras, una humillación tan profunda que le había roto algo adentro. Una tarde llegó el padre Gonzalo, el sacerdote del pueblo, tocó la puerta. Marta lo recibió. Está Esteban. Está, pero no sé si quiera hablar, padre. Déjeme intentar. El padre Gonzalo entró. Encontró a Esteban en el patio sentado en una silla vieja. Se acercó. Se sentó a su lado. Esteban. Padre, me dijeron lo que pasó.

Esteban no respondió. El Padre continuó, “Sé que duele, sé que es injusto, pero no puedes quedarte así. No puedes dejar que esto te destruya. ¿Y qué se supone que haga, Padre? Perdonar, orar, poner la otra mejilla? No te voy a decir que perdones todavía. Eso lleva tiempo, pero sí te voy a decir que no te quedes aquí encerrado en tu dolor, porque eso no es vida.” Esteban miró al sacerdote. No sé cómo seguir. Un paso a la vez.

Hoy levántate, mañana sal. Pasado, busca algo que hacer. No tiene que ser grande, solo algo. El padre Gonzalo se quedó un rato más. Hablaron poco, pero algo cambió. No mucho, solo un poco. Al día siguiente, Esteban salió, caminó por el campo, vio las tierras que había trabajado toda su vida y sintió algo extraño. No odio, no amor, solo un vacío profundo. Pero también sintió algo más, una pequeña chispa, una pregunta. ¿Y si esas monedas valen algo que yo no veo?

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top