Nos casamos un martes por la mañana en el registro civil.
Sin música.
Sin fiesta.
Solo dos vecinos como testigos.
Cortamos flores del jardín para llevarlas en las manos y prometimos cuidarnos mutuamente.
Pero la reacción no tardó en llegar.
Los sobrinos de Don Raúl presentaron una demanda alegando que yo lo había manipulado y que estaba aprovechándome de su edad.
Decían que mi objetivo era quedarme con su casa.
Durante semanas soporté murmullos en el supermercado, comentarios incómodos en la peluquería y miradas de sospecha mientras reunía documentos y ayudaba a Don Raúl a organizar sus finanzas.
Leave a Comment