A los 60 y más, una relación ya no se vive con la ligereza de la juventud.
Muchas personas comienzan a depender emocionalmente del otro: para sentirse acompañadas, seguras o valiosas.
Esto puede provocar miedo a perder, ansiedad, celos y angustia, afectando seriamente la salud mental y emocional.
5. La pareja puede convertirse en un “ancla”
No toda compañía es buena compañía.
Algunas relaciones en la tercera edad no elevan, sino que frenan: impiden viajar, cambiar de hábitos, conocer gente nueva o vivir experiencias personales.
Cuando una relación limita el crecimiento, deja de ser amor y se convierte en una carga.
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