Muchas parejas mayores no discuten, pero tampoco son libres.
Aparecen horarios, hábitos y expectativas: comer juntos, dormir juntos, ver lo mismo, ir a los mismos lugares.
La vida vuelve a organizarse alrededor del otro. Y sin darse cuenta, la persona deja de escucharse a sí misma para adaptarse nuevamente.
3. Aumentan los conflictos con la familia
Cuando una persona mayor inicia una nueva relación, suelen surgir tensiones con los hijos, nietos o familiares.
Surgen preguntas incómodas, celos, preocupaciones por herencias, bienes o cambios en la dinámica familiar.
Lo que parecía un nuevo comienzo puede convertirse en una fuente constante de estrés emocional y discusiones.
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