Al día siguiente fue a ver a una abogada para iniciar el divorcio. No había bienes que repartir.
—El divorcio por mutuo acuerdo tarda un mes —explicó la abogada—. Si él no acepta, puede alargarse dos o tres meses.
—No aceptará —suspiró Lera—. Le conviene demasiado.
Esa noche, Lera le comunicó su decisión a Artyom.
—Voy a divorciarme. Ya he empezado los trámites.
—¿Así, de repente? ¿Por una discusión?
—No por una discusión. Por tres meses de vivir a costa ajena y no querer cambiar.
Artyom intentó jugar con su compasión, pero Lera no cedió. Una semana después, al ver que perdía el control, él prometió cambiar, pero ya era tarde.
—Tuviste tres meses de oportunidades —dijo Lera, haciendo la maleta de él—. Cada día era una oportunidad de cambiar algo.
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